sábado, 28 de noviembre de 2015

La Celestina
La tragicomédia de Calisto y Melibea, escrita por Fernando de Rojas, según él dice, la escribió tras encontrarse por la universidad el primer acto, sin saber quién lo habia escrito. Predomina cómo lo que más la ironía, recurso que ameniza la lectura, y hace incluso en algunas ocasiones que se te escape una risilla.
Es una obra cuyo tema principal es el amor, pero a medida que vamos avanzando, nos damos cuenta que no es amor verdadero como el del amor cortes. El amor es solo un capricho y se sacia con amor carnal, el cual después de desahogarse desaparece.
Los personajes, todos y cada uno de ellos solo se guian por el dinero, y son capaces de todo por conseguirlo.
Al principio de la obra vemos como Sempronio, corrompido por las ansias de obtener dinero, vende a su amo a la Celestina para que le cure su ''mal de amores''. Observamos cómo Pármeno al principio advierte a Calisto de que no es una buena idea, pero, al ofrecerle la Celestina, con sus dulces y engatusadoras palabras un tercio de sus ganancias, decide unirse a Sempronio y Celestina. En este hecho observamos que el dinero ''todo lo puede''.
 
La Celestina es un personaje muy peculiar, ya que siempre consigue engatusar a todo el mundo y obtener lo que se propone, con sus muy ingeniosas palabras, y sabiendo como tratar a cada persona en cada momento. Por ejemplo, sabe como entrar en casa de Melibea sin levantar sospechas, y al ver que esta no esta preparada para decirle lo que siente Calisto por ella, decide inventarse lo del mal de muelas.
También observamos su ingenio con la prostituta Areusa, a la que consigue convencer de que Pármeno es el hombre adecuado para ella.
Areusa es un personaje que nos muestra una clara evolución de su personalidad a medida que avaza la obra desde su aparición.
Parecía ser un poco simple, y manipulable, pero tras la muerte de Celestina, junto a la de su amado Pármeno y Sempronio, ella se crece, y mientras la prostituta y ayudante de Celestina Elisa se lamentaba sin saber que hacer, ella coge el liderato, y siguiendo los pasos de su maestra Celestina, y con mucha frialdad, queda con Sosia, un criado de Calisto, el cual, junto a Tristán, sustituyen a Sempronio y Parmeno tras sus muertes, y engatusandolo le saca toda la información que quiere.
Más tarde, también queda con Centauro, a quién también engatusa, y consigue que este acepte matar a Calisto, aunque este no quería. Pero el destino finalmente se le adelanta, y este muere tras caerse por las escaleras que llevaban a la habitación de Melibea.
Elisa, es el único personaje, por así decirlo, que sigue fiel a su amado, aunque este no le haga caso, ya que fue un ''capricho del pasado''. Es una muchacha la cual no hace nada por si sola, y su aparición en la obra es de celos hacia su amado, y de pena tras su muerte.
Lo mas impactante de esta obra, bajo mi punto de vista, son las reacciones de todos hacia la muerte se sus ''seres queridos/amigos'', las cuales responden de manera bastante fría y materialista, aunque no se queda atrás el egoísmo de todos y cada uno de los personajes, y la poca lealdad que se tienen, como observamos con Pármeno y Sempronio mientras esperan a Calisto que habla con Melibea, empiezan a oír ruidos, y lo primero que se les ocurre es correr por sus vidas.
 
También, no existe la amistad como tal, sino como unión por venganza, o por un mismo propósito en común, como observamos con Pármeno y Sempronio, o con estos y Celestina, o con Elisa y Areusa, etc.
Bajo mi punto de vista es una novela que tarde o pronto hay que leer, y que no tiene desperdicio alguno gastar tu tiempo en ella. Tiene un lenguaje algo complicado, pero con la ayuda de un diccionario pronto te acostumbras a él. Empieza bastante normalita, pero cada vez que avanza mejora, hasta sorprenderte con su final, donde tras el suicidio de Melibea, su padre solo sabe decir que ya no tiene heredera.


 

domingo, 15 de noviembre de 2015

Final alternativo de ''Carta de una desconocida''


      Definitivamente, la muchacha ya estaba muerta, o eso le había dado a entender. El novelista ahora mismo ya no podía hacer nada.
      Se levantó de la silla y se sentó en la cama.
     Realmente estaba preocupado, pero no por el amor no correspondido de aquella chica, ni por todo lo que había sufrido por él.  
      Estaba preocupado porque nunca más podría volver a verla.
    Era una persona fría. Intentaba ser bueno con todo el mundo, pero por deber, no se sentía reconfortado al ayudar a los demás. El novelista se sentía en deuda con ella. Pensó, que debería haberle insistido más en que se llevara el dinero de aquellas noches que compartieron.
      En ese instante le vino una imagen borrosa de ella,la cual, tenía la cara de la prostituta de hace dos días, las manos de la dama que conoció el mes pasado, las piernas de aquella chica tan divertida con la que se acostó tan solo hace quince días, y la vio sentada llorando escribiendo esa carta. Estaba hecho un lío. Realmente le marcan tan poco las damas con las que se acuesta? Realmente son solo cifras sin rostro? Realmente ellas si que se acuerdan de él y se sienten especiales, mientras él las olvida?
-
      La mujer dobló cuidadosamente la carta con las manos temblorosas, la carta en la que había confesado todos sus más profundos sentimientos. Cogió un botecito, y le echó cuatro gotas de ese perfume que tanto le gusta, y que solo se ponía cuando iba a verlo.
      Estaba pálida, despeinada, y ya empezaba a delirar por la fiebre. Le dolían cada una de sus articulaciones, pero aún así, cogió aire y se levantó dispuesta a llevarle la carta a su casa.
      Por el camino iba apoyándose para no caerse, estaba débil, no le importaba que la gente se volviera a mirarla, ella seguía su camino. No pasaba una calle que no tuviera algo que le recordara a él... Cada banco, cada pub, cada pareja de enamorados de veía. Pero no sentía envidia de ellos. Él le había dado un hijo, que más podía pedir?
      En unas horas él estaría sosteniendo su carta entre sus dedos, y leyéndola con sus preciosos ojos.
      Casi no podía articular, pero sonrió una vez más.
      Llegó a su casa, donde se encontraba el mayordomo de su amado barriendo la entrada.
-Entréguele esta carta.-
      Sus miradas se cruzaron durante unos segundos, una mirada que ambos sabían que no se repetiría.
No se dijeron nada.
-
      Él, instintivamente cogió el piano y le tocó una última melodía muy especial solamente dedicada a ella, la única persona que había llegado a quererle por lo que era y no por su dinero.
      En ese instante se acordó de su cita con una hermosa joven que había conocido el día anterior.
      Mientras bajaba las escaleras, iba silbando las notas que le había dedicado a su admiradora.
      No sabía quien era la extraña mujer de la carta, ni cómo era, ni se acordaba muy bien de lo que hablaron cuando se vieron, pero de una cosa estaba seguro, el detalle de las rosas había sido muy bonito.
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      A pocas manzanas de allí, una dama sonreía mientras se tomaba la última pastilla del frasco.

FIN