Final alternativo de ''Carta de una desconocida''
Definitivamente, la
muchacha ya estaba muerta, o eso le había dado a entender. El novelista
ahora mismo ya no podía hacer nada.
Se levantó de la silla y se sentó en
la cama.
Realmente estaba preocupado, pero no
por el amor no correspondido de aquella chica, ni por todo lo que
había sufrido por él.
Estaba preocupado porque nunca más
podría volver a verla.
Era
una persona fría. Intentaba ser bueno con todo el mundo, pero por
deber, no se sentía reconfortado al ayudar a los demás. El novelista
se sentía en deuda con ella. Pensó, que debería haberle insistido
más en que se llevara el dinero de aquellas noches que compartieron.
En ese instante le vino una imagen
borrosa de ella,la cual, tenía la cara de la prostituta de hace dos
días, las manos de la dama que conoció el mes pasado, las piernas
de aquella chica tan divertida con la que se acostó tan solo hace
quince días, y la vio sentada llorando escribiendo esa carta. Estaba
hecho un lío. Realmente le marcan tan poco las damas con las que se
acuesta? Realmente son solo cifras sin rostro? Realmente ellas si que
se acuerdan de él y se sienten especiales, mientras él las olvida?
-
La
mujer dobló cuidadosamente la carta con las manos temblorosas, la
carta en la que había confesado todos sus más profundos
sentimientos. Cogió un botecito, y le echó cuatro gotas de ese
perfume que tanto le gusta, y que solo se ponía cuando iba a verlo.
Estaba pálida, despeinada, y ya
empezaba a delirar por la fiebre. Le dolían cada una de sus
articulaciones, pero aún así, cogió aire y se levantó dispuesta a
llevarle la carta a su casa.
Por el camino iba
apoyándose para no caerse, estaba débil, no le importaba que la
gente se volviera a mirarla, ella seguía su camino. No pasaba una
calle que no tuviera algo que le recordara a él... Cada banco, cada pub, cada pareja de
enamorados de veía. Pero no sentía envidia de ellos. Él le había
dado un hijo, que más podía pedir?
En unas horas él estaría sosteniendo
su carta entre sus dedos, y leyéndola con sus preciosos ojos.
Casi no podía articular, pero sonrió
una vez más.
Llegó a su casa, donde se encontraba
el mayordomo de su amado barriendo la entrada.
Sus miradas se cruzaron durante unos
segundos, una mirada que ambos sabían que no se repetiría.
No se dijeron nada.
-
Él, instintivamente cogió el piano y
le tocó una última melodía muy especial solamente dedicada a ella,
la única persona que había llegado a quererle por lo que era y no
por su dinero.
Mientras bajaba las escaleras, iba
silbando las notas que le había dedicado a su admiradora.
No sabía quien
era la extraña mujer de la carta, ni cómo era, ni se acordaba muy
bien de lo que hablaron cuando se vieron, pero de una cosa estaba
seguro, el detalle de las rosas había sido muy bonito.
-
A pocas manzanas de allí, una dama
sonreía mientras se tomaba la última pastilla del frasco.
FIN
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