domingo, 15 de noviembre de 2015

Final alternativo de ''Carta de una desconocida''


      Definitivamente, la muchacha ya estaba muerta, o eso le había dado a entender. El novelista ahora mismo ya no podía hacer nada.
      Se levantó de la silla y se sentó en la cama.
     Realmente estaba preocupado, pero no por el amor no correspondido de aquella chica, ni por todo lo que había sufrido por él.  
      Estaba preocupado porque nunca más podría volver a verla.
    Era una persona fría. Intentaba ser bueno con todo el mundo, pero por deber, no se sentía reconfortado al ayudar a los demás. El novelista se sentía en deuda con ella. Pensó, que debería haberle insistido más en que se llevara el dinero de aquellas noches que compartieron.
      En ese instante le vino una imagen borrosa de ella,la cual, tenía la cara de la prostituta de hace dos días, las manos de la dama que conoció el mes pasado, las piernas de aquella chica tan divertida con la que se acostó tan solo hace quince días, y la vio sentada llorando escribiendo esa carta. Estaba hecho un lío. Realmente le marcan tan poco las damas con las que se acuesta? Realmente son solo cifras sin rostro? Realmente ellas si que se acuerdan de él y se sienten especiales, mientras él las olvida?
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      La mujer dobló cuidadosamente la carta con las manos temblorosas, la carta en la que había confesado todos sus más profundos sentimientos. Cogió un botecito, y le echó cuatro gotas de ese perfume que tanto le gusta, y que solo se ponía cuando iba a verlo.
      Estaba pálida, despeinada, y ya empezaba a delirar por la fiebre. Le dolían cada una de sus articulaciones, pero aún así, cogió aire y se levantó dispuesta a llevarle la carta a su casa.
      Por el camino iba apoyándose para no caerse, estaba débil, no le importaba que la gente se volviera a mirarla, ella seguía su camino. No pasaba una calle que no tuviera algo que le recordara a él... Cada banco, cada pub, cada pareja de enamorados de veía. Pero no sentía envidia de ellos. Él le había dado un hijo, que más podía pedir?
      En unas horas él estaría sosteniendo su carta entre sus dedos, y leyéndola con sus preciosos ojos.
      Casi no podía articular, pero sonrió una vez más.
      Llegó a su casa, donde se encontraba el mayordomo de su amado barriendo la entrada.
-Entréguele esta carta.-
      Sus miradas se cruzaron durante unos segundos, una mirada que ambos sabían que no se repetiría.
No se dijeron nada.
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      Él, instintivamente cogió el piano y le tocó una última melodía muy especial solamente dedicada a ella, la única persona que había llegado a quererle por lo que era y no por su dinero.
      En ese instante se acordó de su cita con una hermosa joven que había conocido el día anterior.
      Mientras bajaba las escaleras, iba silbando las notas que le había dedicado a su admiradora.
      No sabía quien era la extraña mujer de la carta, ni cómo era, ni se acordaba muy bien de lo que hablaron cuando se vieron, pero de una cosa estaba seguro, el detalle de las rosas había sido muy bonito.
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      A pocas manzanas de allí, una dama sonreía mientras se tomaba la última pastilla del frasco.

FIN

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